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Mi hijo no pregunta

Pero ¿y si el niño no pregunta o se muestra indiferente y hasta reacio a tocar temas relacionados con la sexualidad?

Por Lourdes Illán – Leer el original

En los artículos anteriores hemos visto cómo afrontar distintas situaciones de nuestros hijos durante la primera infancia: la curiosidad, cómo educar su intimidad para prevenir abusos sexuales y cómo contestar a sus preguntas. Pero ¿y si el niño no pregunta o se muestra indiferente y hasta reacio a tocar temas relacionados con la sexualidad? Puede parecernos que nuestro hijo de 6 años es todavía demasiado inmaduro para hablarle de “ciertas cosas” y es mejor esperar a que pregunte. Pero todo tiene un limite, también esto; y con los tiempos que corren no nos podemos permitir ese lujo. Si no lo hacemos nosotros, lo harán otros, y seguramente no de la misma forma.

En un artículo anterior comentaba que, si somos nosotros quienes damos las respuestas, podemos imprimir “nuestro propio sello”. En esta etapa se inician las bases del diálogo y es maravilloso poder crear un clima de confianza y confidencia para hablar con ellos de su origen, que no fue otro que el Amor. Un niño debe saber cómo se engendra un hijo antes de acceder a la enseñanza primaria. En este nuevo ambiente comienza a relacionarse con compañeros mayores que hablan con ligereza de temas relacionados con el sexo, y en muchas ocasiones disfrutan viendo la cara de asombro de los “pequeñajos del cole”.

Las causas de que un niño no pregunte a sus padres pueden ser muy variadas:

– Porque ya le han preguntado a otra persona, por ejemplo a los abuelos, que a veces son más accesibles que los padres. También los hermanos mayores, que en ocasiones hablan con desparpajo delante de los pequeños sobre temas que éstos desconocen.

– Que el pequeño haya preguntado algo y se hayan reído de él: “¡Mira por dónde sale el enano!, ¡no está espabilado ni nada, y parecía tontito!”… Le costará bastante volverlo a intentar.

– Que le hayan dado una explicación falsa. Ellos siempre contrastan la información, y cuando se dan cuenta de que han sido engañados, pierden la confianza en el adulto.

– Qué esté influido por el tabú de los padres. Es algo que se palpa en el ambiente y los niños son especialistas en captar actitudes que para los adultos pasan desapercibidas: unos padres que jamás se muestran cariño en su presencia, una familia que no comenta con naturalidad temas relacionadas con el cariño, el amor o el comienzo de la vida…

Cuando la comunicación entre padres e hijo sobre sexualidad no se da o se ha roto, debemos procurar restablecerla, y para ello:

– Nunca debemos presionarlo para que pregunte, porque el efecto será contrario: se cerrará más todavía.

– Reforzar las situaciones de diálogo y el deseo de preguntar sobre temas ajenos a la sexualidad. Responderle y dar nuestra aprobación por comunicar sus dudas y manifestarle nuestro deseo de ayudarlo a comprender todo lo que pregunte.

– Hablar en su presencia de una forma natural sobre temas como la relación de pareja, el cariño, la ternura, el amor o el inicio de la vida. Por ejemplo, comentar el embarazo de una amiga, lo gordita que se está poniendo, la ilusión y las ganas que tiene de ver a su bebé…

Si con todo esto no obtenemos el resultado deseado, deberíamos entrar directamente a tratar el tema. Hay estrategias que no fallan. Si el niño es muy infantil y todavía le gustan las películas de Disney, una ideal es “Dumbo”. Vemos la película con él y, por la noche, antes de dormir, en ese ratillo en que leemos con él, le decimos: “¡Hay que ver, la película de Dumbo es bonita, pero está hecha para pequeños!… ¿Tú te crees que a los bebés los trae la cigüeña?”. Tanto si contesta que sí como si dice que no, aprovechamos para enterarnos de lo que sabe haciéndole preguntas con mucho tacto y de forma desenfadada. Después abordamos el tema del embarazo, y a partir de ahí el parto y cómo se engendra un hijo, tal como tratamos en un artículo anterior.

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