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¿Es normal que mi hijo de 3 a 6 años tenga curiosidad por el sexo?

¡Comienzan las preguntas! No tengas miedo a responderle, con cariño y delicadeza.

Por Lourdes Illán – Leer el original

Cuando el niño cumple los 3 años, debe haber superado las conductas y hábitos  propios del bebé. Si se queda anclado ahí, su desarrollo no será coherente. Habrá conductas que le indicarán que “ya es mayor” y otras que le recordarán que todavía es un bebé.

A esta edad debe haber abandonado totalmente el chupete y el biberón. Comerá sólo, utilizando los cubiertos. Por las noches se dormirá en su propia cama, en dormitorio separado de los padres y debe controlar totalmente los esfínteres. También dominará el lenguaje hasta el punto de ser capaz de hacerse entender por personas ajenas a su familia. Habrá comenzado su escolarización.

El aprendizaje del control de esfínteres, según la madurez del niño, comenzará alrededor de los 2 años y le llevará a un gran “descubrimiento”: sus genitales. Este hecho despertará muchísima curiosidad en él y será el tema de sus primeros interrogantes: las diferencias físicas, diferencias entre ambos sexos, y entre el niño y el adulto.

Pasaremos por una época en la que tendrá mucho interés en ver el cuerpo del adulto desnudo y hará muchas preguntas sobre las diferencias con ellos. En estas situaciones nos tenemos que comportar con naturalidad, pero sin olvidar que aquí ya debe comenzar la educación de su intimidad, importantísima para preservarlos de ser víctimas de abusos sexuales.

Es posible que en el entorno de la familia el niño vea, en alguna ocasión, el cuerpo del adulto y observe que hay diferencias, y no sólo de tamaño. Lo cual no quiere decir que nos dejemos llevar por un exhibicionismo innecesario delante de ellos. Si lo hacemos así, les estaremos “enviando” el mensaje de que el pene o la vulva es lo mismo que la nariz o las orejas, y no es así. El pene o la vulva son partes de nuestro cuerpo especialmente vulnerables, y no sólo a las infecciones. Se llevan cubiertos, protegidos, porque son partes delicadas y, sobre todo, íntimas, que sólo se enseñan en determinados momentos al papá o a la mamá.

Además de las diferencias físicas con el adulto, comenzará a ver que también hay diferencias con sus iguales del otro sexo. Esto lo podrá observar en el mismo seno de la familia, al bañarse con algún hermanito de parecida edad y de otro sexo, o cambiando a un bebé, o en el colegio…

Debemos informar a los pequeños, niños o niñas, de que los órganos sexuales de unos y otros son distintos. A ninguno le falta nada. Y es maravilloso que sea así porque los hombres y las mujeres son  también diferentes en eso. Les explicaremos que si todos fuéramos iguales, al hacernos adultos, no podríamos tener bebés, porque no habría un papá y una mamá. Lógicamente no hace falta explicar a los 3 años porqué es necesario un papá y una mamá, simplemente se dice, y más adelante ellos mismos lo preguntarán.

De esta manera, les transmitimos dos ideas fundamentales para su educación. La primera que no hay preponderancia de un sexo sobre otro, que ambos se complementan y se completan. La otra, no menos importante, que para ser padres y generar una nueva vida, además de otros requisitos, hacen falta un hombre y una mujer.

No debemos de eludir las respuestas, pero tampoco contestar con una disertación técnica, porque crearíamos un halo misterioso y de prohibición en torno al tema. Se dará la información conforme el niño la va solicitando, y la respuesta será simple y sencilla, acorde con su capacidad de comprensión y siempre adecuada a la realidad.

Aunque este “tiempo de espera” tiene un límite, los 6 años,  pues nuestros niños, con los tiempos que corren, están bombardeados de “información sexual” y no podemos dormirnos si queremos ser nosotros los que tengamos esta bonita conversación con ellos. Si no lo hacemos nosotros, lo harán otros y seguro que no será con el mismo cariño y delicadeza. En algunas ocasiones les tendremos que contestar con otra pregunta, para saber “lo que saben” y “qué es lo que ha despertado su curiosidad”, y así adaptar mejor la respuesta a sus necesidades.

La idea de la sexualidad que vayamos a transmitir a nuestros hijos dependerá,  sin duda, de nuestra formación. Al margen de nuestras convicciones morales y religiosas, debemos transmitir siempre una idea sana, limpia, natural y bonita de un aspecto  tan determinante en toda nuestra vida de relación con los demás.

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