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Los juegos sexuales infantiles

La masturbación y los juegos sexuales infantiles, son conductas típicas en la primera infancia. No nos debe sorprender ver que nuestro hijo las tenga, e incluso que nos lo cuente.

Por Lourdes Illán – Leer original

Nuestra reacción debe ser de máxima naturalidad. Este tipo de conductas aparecen sobre los 3 o 4 años y suelen ser juegos con los órganos genitales, como “jugar a los médicos”, a “papás y mamás”, a “los novios”, “yo te enseño y tú me enseñas”, etc.

La actitud que los padres muestren ante el niño será de gran importancia. Debemos tener muy presente que el sentido sexual en el niño es completamente distinto al del adulto. En este tipo de juegos no hay un deseo de satisfacción erótica. El niño no pone atributos de bondad o maldad a sus juegos, no hace un juicio moral. Por eso, una intervención fuera de tono por parte de los padres puede condicionar o influir negativamente en la forma de vivir la sexualidad en un futuro. Hay adultos que todavía siguen sintiendo culpa y vergüenza por aquella vez en que fueron descubiertos realizando este tipo de juegos y fueron recriminados duramente. A esta edad algunos niños ya han empezado a hacer preguntas, aunque no la mayoría. Si los recriminamos duramente, pensarán que se trata de “algo malo” y estaremos provocando que “les dé vergüenza”, o simplemente no querrán tocar el tema por miedo a nuestra reacción, por más curiosidad que tengan.

El juego sexual infantil obedece a la curiosidad que caracteriza toda esta etapa. A esta edad los niños realizan juegos de imitación constantemente, y éstos son una variedad más. Por medio de ellos los niños conocen el cuerpo del otro y sus diferencias, satisfacen su curiosidad, descubren el contacto físico y perciben que es placentero. Vamos a plantear una situación muy común: Los niños están muy callados desde hace rato y, al abrir la puerta de la habitación, nos encontramos a nuestro hijo y al amiguito desnudos o semidesnudos tocándose.

¿Qué hacer? Lo primero, reponernos del soponcio, respirar hondo y en un tono lo más neutro posible preguntarles: ¿A qué jugáis? En ese momento hay que hacer un gran esfuerzo por no ver esta conducta con ojos de adulto. Se les dice que se vistan y vayan a jugar al salón. Pero no hay que quedarse ahí. Debemos darle valor a su curiosidad sexual. Es una buena ocasión para hablar con ellos de las diferencias físicas entre niño y niña, leer con ellos un libro…

La actitud adecuada es explicarles que hay cosas que es conveniente no hacer por ahora; que pueden ser muy bonitas o muy divertidas, pero cuando sean como papá y mamá. Igual que ahora no conducen un coche de verdad, sino que lo harán cuando sean adultos. No hay que caer en la trampa de decirles “cuando seas mayor”, porque dirán que ya lo son. Y realmente se sienten “mayores”, porque ya han dejado la cuna, no usan chupete, no llevan pañales, comen solos… y constantemente les hemos hecho creer que “son mayores”. También es conveniente reducir el tiempo que pasan juntos con la puerta cerrada.

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